martes, 4 de diciembre de 2012

Toda una experiencia en el ConTenedor

     Después de estas dos semanas sin apenas pasar por aquí, totalmente desganada y desmotivada para escribir, el fin de semana me pasó algo que no puedo dejar de contar. Me tiene alucinada todavía.

     La historia empieza con una invitación inesperada e indirecta (una invitación al sacrificado equipo de trabajo del Sr.AA, que trabaja mucho, es una buena causa y con menos remuneración de lo que debían...). La verdad es que pensé que iríamos a un sitio normal, pero me dijeron que se llamaba "Contenedor" (imagináos mi cara). Porque en sí un contenedor es un recipiente pero... se lo suelo llamar al recipiente donde tiramos la basura, así que no le veía sentido a ese nombre para un restaurante/bar o lo que fuera. Luego supe que habían hecho reserva. ¡Reserva!. Un concepto prácticamente inexistente en mi vocabulario/economía... De ahí deduje que no era un simple bar de tapas, sino algo más formal.

     Al buscar en San Google dónde estaba exactamente, me di cuenta de que se llama ConTenedor. Ajá, eso ya tenía más sentido. Y de paso, me encantan los dobles sentidos y los juegos de palabras, así que me gustó el sitio incluso antes de llegar.




     Al entrar, al principio era un poco agobiante porque la zona de la entrada es pequeña, pero al pasar de ahí, realmente me cautivó. Ya sabéis que me chiflan los colores y aquello tenía un estilo bohemio y colorido sin dejar de parecer confortable. Quizá lo de confortable viene un poco por la mesa en que nos pusieron. No todas son iguales allí y eso me encantó, porque le da personalidad al local, y puedes sentirte especial en cada rincón.


(Sin flash, con la luz tenue que había. Realmente agradable.)
(El rincón junto a nuestra mesa, con la cristalera y de fondo la fachada de la iglesia)

(Es la zona de la entrada. No se aprecian muy bien los detalles por la iluminación, pero en el techo había césped con florecitas!!) 

     Nuestro rincón, en particular era más especial aún. Una mesa de forja con tablero pintado y cristal encima, sofá y butacas en vez de sillas, justo en la cristalera (en plan escaparate) con vistas a la Iglesia de San Luis, un piano antiguo, una lámpara hecha con botellas y dos cuadros que me encantaron. Me sentía como si estuviera sentada en una página de catálogo de tienda de decoración!

     Los cuadros que estaban en el local (porque creo que también los cambian de vez en cuando) eran una especie de paisajes abstractos, llenos de colorido. Lienzos grandes y no tan grandes, bien colocados, dando color al local pero no estridencia. 

     Es que hasta el baño me sorprendió! Desde su puerta de pizarra en la que podías pintar con tiza hasta su pared-mural del mismo estilo que los cuadros y el mural de besitos (eso hay que verlo, no merece la pena explicarlo, jeje). 


(esta foto es de su página de facebook)
     Otra de las cosas curiosas que tiene el restaurante es que puedes ver cómo se hace la comida. Toda la cocina es abierta. Tiene un ventanal (para que no salpique) en un lado de la barra que es directamente la cocina y está más o menos en el centro, así que puedes verlo casi desde cualquier parte del local. Aunque no tanto oírlo  Si hay algo que no me gustó fue que se hizo difícil la conversación. No sé si porque el local tiene mala acústica, o porque estaba lleno y eso produce más ruido, que nuestra mesa era muy grande y estábamos lejos...
(Lo más cercano a nosotros era la barra, y más al fondo estaba la cocina, allá donde están los señores con el pelo tapado. Te podías acercar a ver cómo cocinaban)

     Los camareros y las camareras eran simpátic@s y atent@s. Casi siempre aparecieron cuando se les necesitaba, apenas tienes que llamarl@s. Pero tampoco agobian, no están todo el rato pasándose a preguntarte (cosa que a mí no me gusta mucho, prefiero que me dejen a mi aire). Bueno, es mi percepción, entiendo que no todo el mundo está contento con lo mismo. Y también es verdad que cuando me he bebido una cerveza antes de empezar a comer, todo está un poco más borroso! jaja.

     Un camarero vino a traernos la carta... que está escrita en una pizarra. Sé que esto ocurre en otros lugares, pero para mí era nuevo. El motivo de que esté en pizarra es que no tienen carta fija, sino que tienen Cocinero profesional. Y éste cada día prepara unos platos diferentes. El camarero nos explica todo esto y nos recomienda pedir los platos para compartir, así probamos más cosas y comemos todos a la vez (la única desventaja del sitio, que unos platos tardan mucho más que otros y si pide cada uno un plato, se desfasa y terminas comiendo solo/a).




     La comida... casi que se merece un post propio. Era probar algo, alucinar, y ya se había acabado! Aunque yo no me quedé con hambre, cuando comía, te entraban ganas de seguir comiendo. Era increíble. Y cuando creías que era lo más rico que habías probado nunca, llegan con otro plato aún mejor! 

     Pedimos tabla de paté casero. Ya no era sólo que el paté estaba riquísimo, sino las pasas que ponen para acompañar, y los trocitos de pan que tampoco eran normales (es que siendo de Alcalá, soy muy panadera, jeje). Pan de pueblo, tierno, y un poco tostado. Se me hace la boca agua todavía.



     Después vino el tartar de salmón con mango y aguacate. También delicioso, aliñado con una especie de vinagreta muy sabrosa pero suave (a mí no me gusta nada los aliños demasiado fuertes).

     Terminando el tartar, trajeron el arroz con setas y pato. Que a mí me llamó la atención ya en la carta y después al probarlo no quería dejar de comerlo nunca! Un arroz cremoso (eso tuvo también que ver con mi indigestión mas tarde por culpa de mi intolerancia a la lactosa... pero mereció la pena!), con setas, salsa de setas y dos trocitos de pato asado tierno y crujiente. 

     Los platos más fuerte eran pescado y carne (además tienen el detalle de servirte todo en este orden, que es el más adecuado para mi gusto, e incluso de cambiarte el plato entre una cosa y otra). El pescado era corvina asada con alcachofas y trompetas de los muertos, (que viene a ser un tipo de seta, creo) en una salsa verde increíble. Increíble porque a mí no me gusta la salsa verde normalmente, pero ésta estaba taan buena, taan suave, apenas sabía a ajo y era una delicia acompañada con sus habitas. 

     Lo último fue el solomillo de ciervo con crema de castañas y membrillo. En el momento de comer ya no recordábamos la carta y no supimos de qué era el puré tan rico que llevaba, pero tenía consistencia de puré de patatas y me supo un poco a canela (debe ser porque estaba espolvoreada por el plato). Era exquisito. La carne estaba hecha al punto, nada pasada, jugosa y tierna (que prácticamente usamos el cuchillo por guardar las buenas maneras, jeje). 

Algunas fotos de su página en facebook de platos que preparan:


(tartar de salmón. foto de FB)
(arroz con setas  pato. Foto de FB)





















    Y para terminar... también tenían postres, como no podía ser de otra manera. Aunque yo no debía comerlos porque seguro que todos eran una bomba de lactosa, no podía irme sin probarlos. Pedimos tarta de zanahoria con glaseado (creo que de azúcar), que era la más sencillita (aunque no dejaba de ser un bizcocho altamente esponjoso, dulce pero no empalagoso); un trozo de tarta de crema de plátano y dulce de leche (con base de galletas y merengue por encima) y un fondant. Esto viene siendo como el volcán de chocolate, bizcochito recién hecho pero con el interior líquido que se derrama cuando lo abres y te entran ganas de chupar el plato para no dejar nada allí.


(Fondant con helado de mango. Foto de su FB)


     En resumen: toda una experiencia para los sentidos. No sólo por el lugar, no sólo por la comida, no sólo por el servicio... es que es todo el conjunto. Recomendable 100%. Hay que hacer reserva porque siempre está bastante lleno, pero abren todos los días. Está en Sevilla, en la calle San Luis. El precio no lo sé exactamente pero calculo que puede salir por unos 30€ por persona.
Podéis encontrarlo por facebook y en su página web

     Es un post muy largo pero es que tenía mucho que contar, y lo he hecho por gusto (que si alguien del restaurante lo ve y quiere invitarme a comer por esta publicidad, no le digo yo que no!!! jaja).

Feliz semana!

6 comentarios:

  1. Pues si que apetece ir a Sevilla y visitar este restaurante.
    Un post muy completo,
    bss

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    1. Sí ¿verdad? Yo no lo conocía hasta ese día!
      Gracias por estar siempre por aquí! bsitoss

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  2. Ha sido leer esta entrada y entrame más hambre del que tengo!!! Qué super descripción que has hecho!!! Pues si que tiene buena pinta le restaurante si.. seguro que es una pasada!! Cuando vaya a Sevilla (ya que es una tierra que me encantaría conocer), intentaré ir a ese sitio a comer... Un besito!!!! Y me alegro de que estés de vuelta

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    1. Muchas gracias por el comentario :). Tienes que conocer Sevilla! Y si quieres guía, sólo tienes que decírmelo!
      Bsitoss

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  3. Sólo diré que acabo de comer... y tengo hambre!
    Y bueno, lo del mural de tiza me ha encantado jajaja de hecho así están los alrededores de la puerta de mi casa xD Ahí ha pintado hasta una blogger!

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    1. JaJaJaa, a mí también me entra hambre viendo las fotos de la comida que ponen!! La verdad es que tiene muchas cosas originales ese local.
      Gracias por visitarme! ;*

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